Un Huracán sin nombre

El 28 de Marzo, un sorpresivo huracán golpeó las costas de Brasil.

Abril 2, 2004: Los huracanes son aterradores. Arrancan árboles del suelo, arrojan autos en el aire, y aplastan casas. Sus vientos pueden sobrepasar los 160 km/h. Se sabe de algunos huracanes que han levantado una muralla de agua de 6 m de alta sobre el océano. Para luego lanzarla tierra adentro, inundando kilómetros de costa. Ningunas otras tormentas en la Tierra son tan destructivas.

O tan tristemente célebres. Se habla por décadas de los huracanes más poderosos, mucho después de que las inundaciones bajaron y que los árboles crecieron de nuevo. ¿Qué niño en Mississippi no ha oído hablar hoy del Huracán Camille, la monstruosa tormenta que traumatizó a sus padres en 1969? Los huracanes son las únicas tormentas a las que en la actualidad se les da un nombre, como a la gente, para ayudarnos a recordar.

Bautizar huracanes ayuda también a prevenir confusiones. A veces hay dos o más tormentas activas al mismo tiempo.

Meteorólogos y rastreadores de tormentas usan nombres, como Camille, Hugo y David para aclarar de cual tormenta están hablando. Por estas razones, cada huracán es bautizado con un nombre. Siempre.

Es decir, hasta la semana pasada, el 28 de Marzo, cuando un huracán sin nombre golpeó a Brasil. La tormenta tocó tierra cerca de Torres, un pueblo pequeño en el estado de Santa Catarina a unos 800 km al sur de Río de Janeiro.

"Esto realmente nos tomó a todos por sorpresa", dice la investigadora de huracanes de la NASA Robbie Hood. "No se espera que haya huracanes en esa parte del mundo".

Satélites climatológicos han estado circulando la Tierra por más de 40 años. Durante ese tiempo, dice, han anunciado huracanes (también llamados "tifones o ciclones") en el Atlántico Norte, y a ambos lados del ecuador en los Océanos Pacífico e Indico, pero nunca antes en el Atlántico Sur.

"Los vientos verticales cortantes en el Atlántico Sur son muy fuertes para los huracanes", explica Hood. Los vientos en la alta troposfera (alrededor de 10 km de altura) son unos 32 km/h más veloces que los vientos en la superficie del océano. Esta diferencia, o corte, destruye las tormentas antes de que se intensifiquen demasiado.

Un huracán típico comienza como una agrupación de tormentas ordinarias. Toma energía del calor de las cálidas aguas tropicales, y guiadas por la fuerza de Coriolis, las tormentas se arremolinan juntas, uniéndose para crear una depresión tropical... después una tormenta tropical... y finalmente un pleno huracán. Los vientos cortantes en el Atlántico Sur usualmente frenan este proceso en la etapa de depresión tropical.

Hay excepciones, sin embargo. En 1991, por ejemplo, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos documentó una tormenta tropical fuera de las costas del Congo. Duró alrededor de cinco días mientras se arrastraba hacia el centro del Atlántico Sur, pero nunca alcanzó la fuerza de un huracán. (El umbral mínimo para la velocidad de los vientos en un huracán es de 119 km/h).

¿Cuál fue la diferencia con la tormenta de Marzo del 2004? ¿Porqué se convirtió en huracán? Nadie lo sabe.

Arriba: El huracán brasileño el día 26 de Marzo del 2004, visto desde el Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer (MODIS) a bordo del satélite Terra.

Cuando la tormenta golpeó sobre Brasil, los observadores locales aún no estaban seguros de si era un huracán. Brasil no tiene en tierra una red de estaciones meteorológicas para medir el viento y la lluvia de tormentas tropicales. "No hay 'cazadores de huracanes' en Brasil", añade Hood. "Las tormentas son muy raras".

Los satélites espaciales, sin embargo, recogieron gran cantidad de datos. "Los satélites del NOAA, de órbita polar, midieron la temperatura del ojo de la tormenta", dice el científico climático Roy Spencer de la Universidad de Alabama en Huntsville. "Eso nos indicó qué tan rápido se movían los vientos". Fue un huracán categoría 1, dice, un estimado confirmado por el satélite medidor de vientos QuikScat de la NASA. Además, los satélites GOES del NOAA y los satélites Terra y Aqua de la NASA tomaron imágenes de la tormenta en microondas, infrarrojo y longitudes de onda visibles, permitiendo a los científicos monitorear los movimientos de humedad y energía calorífica dentro de la tormenta -- datos valiosos, en verdad.

La nave espacial TRMM, Tropical Rainfall Measuring Mission (Misión para Medida de Lluvias Tropicales), una misión conjunta de la NASA y la agencia espacial japonesa, sobrevoló la tormenta varias veces, días antes de que tocara tierra, y recopiló quizás los datos más reveladores. TRMM incluye un radar de precipitación, el único en el espacio. Emitiendo a través de las nubes, el radar iluminó bandas espirales de lluvia; las imágenes de la tormenta en color simulado semejan una galaxia rodante! Combinando datos del radar y del generador de imágenes en microondas de la nave espacial, los investigadores pueden estimar el índice de lluvia a lo largo y ancho del huracán -- de arriba abajo, del ojo al borde.

"Todo este episodio destaca las ventajas de los satélites para los estudios del huracán, especialmente donde no hay aeronaves listas para volar a través de las tormentas", dice Hood. "Los satélites pueden monitorear las tormentas en todas partes del mundo".

Pero queda un problema: ¿Cómo llamarlos? La Organización Mundial de Meteorología mantiene una lista de los nombres de huracanes para cada parte del mundo... excepto para el Atlántico Sur. Tristemente, el 28 de Marzo la tormenta hizo suficiente daño como para no ser olvidada fácilmente: 500 hogares destruidos, botes de pesca hundidos, al menos 2 personas muertas y 1500 más sin hogar. Los brasileños van a hablar de la tormenta por mucho tiempo y se preguntarán sobre huracanes que podrían llegar en el futuro.

Los huracanes del Atlántico Sur necesitan nombres. Alguien, en alguna parte, probablemente esté haciendo una lista.

Nota : (Abril 7, 2003): Este huracán era demasiado importante para permanecer mucho tiempo sin nombre. Los habitantes de Brasil lo han bautizado, extraoficialmente, como Huracán Catarina, por el Estado sureño de Brasil, Santa Catarina, donde la tormenta tocó tierra.