NAVEGACIÓN A LAS ISLAS MALVINAS

 

La fragata Libertad, buque escuela de la Armada Argentina, tiene 91,75 metros de eslora, 14,31 de manga, 11 de puntal y 6,65 de calado. Consta de tres palos, 27 velas y de dos motores diesel de 1200 H.P. cada uno.

En 1966 batió el record mundial del cruce a vela del Atlántico Norte, por lo que obtuvo el célebre trofeo Boston Teapot. Aquella vez desarrolló, navegando exclusivamente a vela, una velocidad máxima de 18,5 nudos.

Una vez presentada la protagonista de nuestra historia (como corresponde en estos casos), pasaremos a comentar lo que ocurrió:

I.- En el Río de la Plata

A las 16:30 horas del día 28 de mayo de 1984, la Fragata Escuela Libertad se encontraba fondeada en la Rada de la Plata.

Había finalizado una navegación de adiestramiento, con personal novato, que debía ser fogueado para el próximo viaje de instrucción; lo había hecho en condiciones meteorológicas normales, con vientos suaves y adecuados para la instrucción del caso.

Ello permitió que durante la travesía, se largara y cargara paño y se efectuaran maniobras afines al manejo del aparejo vélico; y que las mismas pudieran ser observadas -hermosa experiencia- por 120 cadetes del primer año de la Escuela Naval, que hacían así su bautismo de mar.

Dicho día 28, por la mañana, el barómetro que indicaba 1017 milibares, bajó en tres horas a 1000 milibares; el cielo se cubrió, la atmósfera se puso pesada con vientos calmos; el río, normalmente "color de león", se puso de una coloración grisácea, presagiando acontecimientos anormales, probablemente vientos fuertes del lado de la costa argentina.

A medianoche el viento soplaba con una velocidad de 30 nudos del oeste y la presión barométrica había descendido los 1000 milibares; el buque comenzó a garrear.

Fue intención del comandante cambiar el fondeadero, pero el buque "se negaba" a poner proa al viento, deteniéndose en repetidas ocasiones a 40� a 60� antes de llegar al arrumbamientode donde venía el viento.

Los barcos, que "tienen alma", cuidan a veces de sí mismos y de sus tripulantes. Era evidente que la Libertad "no quería" volver al fondeadero, sino navegar al este, salir al mar, a aguas libres, donde pudiera correr sin inconvenientes, sin bajofondos, bancos, cascos a pique. Así lo entendió el Comandante que "recibió el mensaje" y ordenó poner proa afuera, dando comienzo a una penosa y delicada navegación por el canal hasta Recalada.

"Navegando "a palo seco", casi de empopada -un tanto por la aleta de estribor- con un viento del oeste de 48 nudos, una marca barométrica en continuo descenso, la fragata volaba hacia la boca del gran río. El agua corría con fuerza inusitada, amenazando con dejar todo en seco, como efectivamente ocurrió.

La fuerza del temporal, arreciando, se puso feroz; el agua se pulverizaba en la superficie, y si bien no formaba mucha ola, por la escasa profundidad, esa neblina acuosa disminuyó peligrosamente la visibilidad.

A esta situación se sumó otro hecho, quizás tan inédito como desgarrador, pero que constituyó lo más notable de este episodio.

Los que asomaron a cubierta por primera vez a las ocho de la mañana, después de haber pasado una mala noche, durmiendo de a ratos y tratando de no caerse de las camas, no podían creer lo que veían y oían. Las velas cuadras, muchas de ellas hechas jirones, gualdrapeaban hacia proa impulsadas por el viento como si quisieran desprenderse de sus vergas y ganarle en velocidad al barco.

El paño, que sin duda había sido defectuosamente aferrado, embolsaba viento, el que al ejercer presión, inflaba una porción de la vela hasta que el tomador no resistía más esta fuerza y se cortaba; cortado uno, los otros eran incapaces de soportar todo el esfuerzo y en pocos minutos toda la vela se encontraba libre.

El ruido del paño sumado al del viento en la jarcia era ensordecedor.

Las cuadras del trinquete, excepto el sobrejuanete, el juanete del mayor, las sobremesanas y el perico de mesana, luchaban con fuerza contra brioles, escotas, y chafaldetes en su afán de tenerlos unidos al palo. Esta lucha a muerte era contemplada con asombro y tristeza por la gente de cubierta, ante la impotencia de actuar, de calmar el viento, de aquietar las velas.

La arboladura vibraba desacompasadamente, la jarcia de labor se incorporaba a la lucha "como esas peleas de bar de bajo fondo, donde todos tiran trompadas sin saber a quién ni por qué".

II.- Fantasmas

"Pasando El Codillo (recodo del canal de acceso al Río de la Plata), a pocos metros del canal se encontraba varado un buque de bandera panameña; el agua le barría la cubierta, las olas rompían en su costado como si fuera una escollera.

He tratado de ponerme en el lugar de ese capitán que tal vez llegara por primera vez al Río de la Plata. Me lo imagino fumando en el puente, mirando periodicamente el barógrafo y el anemómetro, sin poder dar crédito a lo que veía. De pronto escucha una sirena, mira hacia popa y cree haber perdido la razón como consecuencia de la tensión de las últimas horas. A pocos metros de su barco, aparece entre la bruma y la lluvia una fragata de tres palos, con sus velas al viento, hechas jirones en mil pedazos; no ve a nadie en cubierta y vuelve a sentir, esta vez más cerca, el toque de la sirena.

III.-Corriendo

"A las tres de la tarde se dejó Recalada. El río no pudo atraparnos. una sensación de alivio se respiró a bordo. Ahora a correr el temporal, hasta donde sea; el viento sigue del oeste, tenemos miles de millas por delante.

La aguja del anemómetro no baja de los 60 nudos y aseguran haberla visto tocar los 75 en una racha.

A medianoche del día 29, el barómetro alcanza su punto más bajo, 984 milibares (35 milibares menos que la presión media del mes).

El 30 de mayo se avistó el Faro Cabo Polonio, mientras se navegaba al noroeste, casi barajando la costa. Esa noche, la del 29 al 30, el viento comenzó a disminuir -bajó los 40 nudos- y a la mañana siguiente los 30 nudos.

A las diez de la mañana la presión subió, el viento se puso del sudoeste y el Comandante decidió virar y capear lo que restase de temporal. En caso de no lograrlo, intentaría tomar el puerto brasileño de Rio grande do Sul.

IV.- A la capa

Se logró caer al rumbo verdadero 229�, la mar gruesa y el viento huracanado no permitían avanzar más de un nudo. El oficial de guardia de 08:00 a 12:00 horas piensa a ratos que el girocompás se ha trabado; "las marcaciones a Albardao son siempre las mismas".

A las veinte horas se alcanzó el Chuy.

El último día de mayo amaneció despejado con una brisa suave del norte. Todo ha pasado; quedan los trapos colgando de las vergas, al estilo de las viejas fragatas después de haber recibido un duro cañoneo de combate.

La costa uruguaya lucía espléndida y la isla de Lobos podía verse por proa.

A la tarde gareteamos frente a Punta del Este para ordenar la maniobra. Se sacaron los restos de vela que habían quedado y se alistó el buque para tomar puerto al día siguiente.

A las diez de la mañana del 1 de junio, la Fragata amarró en Darsena Norte, de donde zarpara una semana antes para vivir una de las más notables peripecias de su historia.

El siguiente relato corresponde al capitán de fragata Ricardo Enrique Jolly, y fue extraido del libro Islario Marinero