Navegando con Dios

La Biblia es un libro sagrado, un verdadero tesoro: no conviene leerla como una revista o una novela, tampoco por mera curiosidad. Hay que leerla "como lo que es realmente: la Palabra de Dios, que actúa en los que creen", como el Libro de la Alianza de amor que Dios hizo con la humanidad, como la Buena Noticia más "buena" y más "noticia", la única que da su verdadero sentido a la vida y a la muerte.


Hay que leerla con humildad. "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra -oró Jesús- por haber ocultado estas cosas (las del Reino de Dios) a los sabios y a los prudentes, y haberlas revelado a los pequeños."


Porque si además de navegar -como lo hizo el mismo Jesús- , penetra en nuestro corazón la Buena Noticia, seremos plenamente felices y capaces de hacer felices a los demás.

Sí. Tenemos la posibilidad de dejarlo entrar en nuestro corazón, y.... ¡tener un Dios que camina sobre las aguas, manda calmar al viento y al oleaje, y que nos AMA más de lo que podamos imaginar!